Los limites de la escuela en la normalizacion del euskera

garaigoikoa 1456132721854 Garaigoikoa | 2007-12-17 09:12

Hace algunos años, muchos pensaban que iba a ser la escuela la que salvaría el euskera, que si lográbamos introducir el euskera en las escuelas, conseguiríamos salvarlo. Pero con el paso del tiempo, cada vez son menos los que opinan así, son menos los que se creen eso.

De hecho, la escuela tiene importantes limitaciones para conseguir normalizar una lengua (o revivirla o salvarla); sin la escuela, es imposible, pero también lo es sólo mediante la escuela. Para normalizar una lengua, los cambios han de darse en la sociedad, es la propia sociedad la que tiene que dirigir ese proceso.

Sin embargo, eso no quiere decir que la escuela no puedan hacer nada para revivir o normalizar el euskera. Hay tres cosas que la escuela pueden hacer para recuperar una lengua:

Para empezar, la escuela tiene que incidir en la competencia del euskera, tiene que enseñar euskera. Pero tenemos que tener claro que la escuela por sí sola no puede euskaldunizar. Por un lado, la escuela tiene que transmitir competencias formales, es decir, tiene que enseñar a leer y escribir. Pero en el uso de una lengua son, sobre todo, las competencias informales las que son decisivas. La escuela tiene grandes dificultades para transmitir competencias informales. A la escuela le es imposible garantizar la transmisión de las competencias informales.

Pero, al menos en los núcleos castellanoparlantes, las escuelas tienen que ser islas, islas del euskera. No sólo durante las horas de clase, sino en todo el entorno escolar: actividades extraescolares, autobuses, comedor… Y aún con todo eso no es suficiente, pero al menos es algo. Tenemos que construir bidegorris para el euskera. De hecho, como dice Pello Jauregi, sin una utilización suficiente del euskera en una estructura horizontal, los niños y jóvenes no podrán aprender euskera, no podrán usar en la calle el poco euskera que aprenden en la escuela. ¿Y cuáles son esas estructuras horizontales? La primera y más importante es la familia. ¿Pero qué pasa si la familia es castellanoparlante? Hay que tener en cuenta otras estructuras: los amigos (cuadrillas), actividades de ocio, medios de comunicación locales...

En segundo lugar, la escuela también tiene que saber transmitir afectividad hacia el euskera. Pero, tal y como se ha explicado antes, eso tampoco lo puede hacer ella sola. La familia tiene una tarea importante que llevar a cabo en ese tema, sin duda alguna. Es lo que la familia haya (o no haya) transmitido lo que la escuela tiene que fortalecer, no puede hacer más y no se le puede pedir más.

Y, por último, la escuela tiene que transmitir un punto de vista sociocultural determinado. Partiendo de la universalidad, tiene que saber transmitir la aportación especial que hacemos al mundo como comunidad lingüística. Y para ello, por supuesto, necesita la ayuda de la sociedad, porque ¿qué podría transmitir la escuela si no hay nada que transmitir?

Todo eso es lo que hay que hacer. Ni más ni menos. Se ve claramente, por lo tanto, cuáles son los límites de la escuela. La escuela no salvará el euskera, eso está claro. Por sí misma, no puede impulsar su uso. Aunque se aprenda, no se va a utilizar sin más ni más. Hay otros factores que forman parte de este conglomerado, y todos están lejos del alcance de la escuela, lejos de la capacidad de actuación de los centros educativos.

Hoy en día, la sociedad y la escuela van a distintas velocidades en muchos casos. Y eso tiene una relación directa con la eficacia de la educación escolar. A menudo oímos que los niños y los jóvenes no utilizan el euskera, aunque sepan hablarlo. Y esa circunstancia es el resultado de esas dos velocidades. Ni más ni menos. En lugar de correr a relevos, cada uno (escuela y sociedad) corre a su aire, y está claro que así se consiguen peores resultados. Es imposible que la escuela dé todos los relevos y que, mientras tanto, la sociedad esté mirando la carrera desde el borde del camino (o, como mucho, aplaudiendo).

Aprender euskera (en la escuela) en núcleos castellanoparlantes es mucho más difícil y lento. De hecho, el entorno y la sociedad no ayudan. Y en muchas ocasiones los propios niños sólo relacionan el euskera con la enseñanza y la escuela. Y la consecuencia es que no se use en la calle. Lo que ralentiza el aprendizaje del euskera. Y vuelta a empezar. Es andar en círculos, una y otra vez.

La sociedad tiene una extraordinaria importancia en el aprendizaje y la enseñanza del euskera. La sociedad tiene la clave, siempre con la ayuda de la escuela. Pero es la sociedad la que tiene que tirar, no se puede descargar todo el peso en la espalda de la escuela. Esta no tiene la posibilidad de invertir la realidad lingüística. La sociedad tiene que ser la guía, es ella quien debe sostener la mayor parte de la carga para cambiar la situación.

Y todo esto no sólo lo digo yo. Casi todos los expertos en sociolingüística a nivel mundial se han dado cuenta de los límites de la escuela. La lucha por revivir el euskera no se desarrolla en el tatami escolar, la verdadera lucha está en el tatami social, en el tatami del prestigio de la sociedad, en el tatami en el que se deciden los cambios sociales. Revivir el euskera no es un problema pedagógico, sino sociológico y político. Esos son verdaderamente los ámbitos en los que hay que incidir.


Utzi iruzkina: